Mis inicios en la seguridad informática II

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Disclaimer: Atención! Todo lo que leas a partir de ahora puede ser una paja mental mía, una mentira como un piano, o algo que a tí no te interese lo más mínimo. Si es así, deja de leer esto….

Corría el año 1992. A mis 16 años no tenía nada claro qué iba a hacer con mi vida (como todos a esa edad), y andaba yo por mi Triana estudiando una profesión que amigos de mi familia me habían recomendado. Era mi futuro y no podía desaprovecharlo. Estudiaba Formación profesional de nivel I (FPI) en la rama administrativo y comercial. Por aquellos tiempos trabajaba como “niño de los recados” en un polígono industrial de Sevilla, ya que tenía moto, la cual me había comprado con el sudor y esfuerzo de trabajos anteriores. Por aquel entonces, cobraba 70.000 pesetas de las antiguas, lo cual no estaba nada mal a mi edad.
Entre estudiar y trabajar, no me daba tiempo a mucho más. De lo que ganaba, me quedaba con unas 20.000 pesetas, las cuales 15.000 pesetas iban a pagar la letra mensual de la moto y la del seguro. Yo me quedaba con unas 5.000 pesetas para gastos varios (Cubatas…) ;-).
Un Abril de ese mismo año se inauguraba una exposición en Sevilla, la cual formaria parte de mi vida por siempre, debido a los grandes momentos que pasé en ella. La gran exposición del 92.
La plaza Sony, con su Jumbotrón, los conciertos nocturnos, El canguroPub de australia, el pabellón de Kuwait, el Omnimax… y su Palenque!
A los pocos días de inaugurarse la gran exposición, pudimos enterarnos de los precios de las entradas. Estas entradas, comprendían un pase diario, un pase de tres días, un pase nocturno y un pase de temporada. Debido a nuestra edad, los pases más interesantes costaban 30.000 pesetas el de temporada, y 15.000 pesetas el nocturno. Muchos de la pandilla quedamos automáticamente descartados de aquella exposición debido a esos precios. Una de las peores crisis se estaba gestando en España (Crisis del 93), y en mi familia y en la de muchos de mis amigos, no había manera posible de “financiar” ese gasto.
No obstante, en la pandilla sólo dos personas tenían pase. Mi amigo Roberto tenía un pase de noche y mi amigo Migue tenía un pase de temporada. Si contábamos con que en la pandilla éramos unos 25 chiquillos, la cosa se tornaba difícil para realizar “el pase”.
Realizar “El pase”, consistía en que si ibamos a entrar por el día, necesitábamos que nuestro amigo Migue entrase primero, y después, nos iba pasando su pase personal a cada uno por los barrotes blancos que rodeaban aquella exposición. Entrábamos, volvíamos a los barrotes, se lo pasábamos a otro compañero y así hasta que entrábamos todos. El principal problema que encontramos fue el tiempo. Cuando ibamos 2 estaba bien, pero cuando íbamos los 25, la cosa se complicaba. Eso unido a que siempre necesitábamos a nuestro amigo Migue para entrar, y a que sus padres guardaban celosamente aquel pase “especial”.
Al cabo de dos meses de exposición, y tras numerosos paseos por el exterior de la misma (Más de 200 hectáreas), me di cuenta de una “reacción” un tanto especial. En aquellos tiempos yo era extremadamente delgado, y como yo, casi todos mis amigos. Una cosa muy curiosa que tenían los barrotes blancos, era que, si lograbas subirte a ellos, se doblaban en lo más alto. Subirte a los barrotes era extremadamente fácil, ya que estaban muy juntos, y podías ayudarte de otro barrote para hacer fuerza y soporte. Teníamos entrada!

Imagen 1.- Barrotes de la Expo92

 Una vez enseñada la técnica, muchos de nosotros, los cuales no podíamos pagar esa entrada, pudimos recorrer al 100% aquella exposición, hasta tal punto de que, nuestros padres, todavía comentan que en aquellos tiempos “vivíamos allí”. Así que para los menos ágiles, teníamos la técnica de “el pase”, y para los más delgados, teníamos “la escalada”. La escalada, la hacíamos casi todos los días, y en lugares de la Expo en los que no había mucha vigilancia. Llegamos a un punto en el que ni nuestro amigo Migue utilizaba el pase. Poco a poco le perdimos el miedo a “la escalada”, hasta tal punto que una vez, y no se me olvidará jamás, hice “la escalada” en la misma Puerta Triana, una de las puertas centrales de la Expo 92, y justo en el cuartelillo de la policía. Ese cuartelillo, lo tenía la Policía para los ladrones y los altercados varios con que se encontraban en el recinto. “La escalada” la hicimos Migue y yo justo en la puerta del cuartelillo. Una vez realizada “la escalada”, Migue (Eres un mamón) se metió corriendo a “ayudar” a una anciana en el cuartillo de los objetos metálicos y consiguió pasar desapercibido. En cuanto a mí, no recuerdo otro día en el cual corrí más distancia y más tiempo. Yo no lo vi, pero Migue me cuenta todavía que aquel día más de 4 policías salieron corriendo detrás de mi. Sobra decir que no nos pillaron ni a Migue ni a mi. Pero del susto que me pegué, en cuanto despisté a la policía, salí por una de las últimas puertas de la exposición, y por la que menos vigilancia había.

Una vez superada esa prueba, nos encontramos con que ninguno de nosotros teníamos dinero para hacer frente a los “gastos varios” que conllevaba la entrada a aquel recinto. Pero esa es otra historia…..

Saludetes! ;-)